La senadora María Fernanda Cabal oficializó su renuncia al Centro Democrático, el partido fundado y liderado por el expresidente Álvaro Uribe Vélez, en una decisión que pone en evidencia una profunda fractura interna dentro de la colectividad en plena antesala del proceso electoral rumbo a las elecciones presidenciales. La salida se produjo junto a la de su esposo, José Félix Lafaurie, presidente de la Federación Colombiana de Ganaderos (Fedegán), y quedó formalizada en una carta dirigida a las directivas del partido.
El documento, fechado el viernes 23 de enero, un día antes de la convención partidista, expone las razones que llevaron a la pareja a tomar esta determinación. Según Cabal y Lafaurie, el detonante de la ruptura fueron las dudas y cuestionamientos en torno al proceso interno que culminó con la elección de la senadora Paloma Valencia como candidata presidencial del Centro Democrático. En la misiva aseguran que dicho procedimiento careció de las garantías políticas necesarias y que, en consecuencia, no existen condiciones para continuar militando dentro del partido.
“No queremos continuar en el partido. Sentimos que no tenemos espacio”, expresa de manera directa la carta, reflejando el nivel de inconformidad y distanciamiento con la actual dirigencia. En el mismo texto, Cabal y Lafaurie solicitan una salida “digna” de la colectividad y plantean la posibilidad de una escisión que le permita a la senadora conformar su propia agrupación política dentro del marco legal vigente, una alternativa que marcaría un quiebre significativo dentro del uribismo.
La reacción desde el Centro Democrático fue inmediata. Paloma Valencia, recientemente proclamada candidata presidencial, descartó de plano cualquier posibilidad de división interna y aseguró que “no habrá escisiones de partido”. En declaraciones públicas, Valencia reconoció la relevancia política de María Fernanda Cabal dentro del uribismo y reveló que incluso le propuso asumir la gerencia de su campaña presidencial, en un intento por mantener la unidad y sumar fuerzas de cara al proceso electoral. Sin embargo, dicha invitación no ha sido aceptada ni respondida por la senadora renunciante.
La salida de Cabal representa un golpe para la cohesión interna del Centro Democrático, partido que históricamente ha enfrentado tensiones entre sus distintas corrientes ideológicas y liderazgos. Cabal ha sido una de las figuras más visibles y polémicas de la colectividad, con una base de apoyo sólida entre los sectores más conservadores y críticos del actual Gobierno, lo que convierte su renuncia en un hecho de alto impacto dentro del panorama político nacional.
Este nuevo remezón se produce en un contexto de fragmentación creciente dentro de la oposición, donde los partidos tradicionales enfrentan dificultades para consolidar liderazgos únicos y propuestas unificadas. La salida de Cabal abre interrogantes sobre su futuro político inmediato, así como sobre la posibilidad de que busque construir un proyecto propio por fuera del Centro Democrático o se articule con otros sectores afines ideológicamente.
En términos más amplios, la renuncia de María Fernanda Cabal no solo debilita al Centro Democrático en la carrera presidencial, sino que también refleja las tensiones internas que atraviesan los partidos de oposición en un escenario electoral cada vez más competitivo y disperso. El desenlace de esta ruptura y las decisiones que tome la senadora en los próximos meses serán determinantes para el reacomodo de fuerzas dentro del espectro político de derecha y centroderecha rumbo a las elecciones presidenciales.
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