Por: Pepe Sánchez
Esta nota nos fue enviada por el secretario de Cultura de Sabanalra, Guillermo Márquez y data de la época Carlos Rodado Noriega cuando fue gobernador del Atlántico 2004, 2007
De las ciudades y pueblos de la Costa Atlántica, Sabanalarga ha sido tradicionalmente afamada como ciudad culta y notable por su “amor a la ilustración”. Sin embargo, sobre sus orígenes y fundación no existía ningún texto que pudiera catalogarse como un verdadero estudio de investigación histórica.
Ha habido algunas narraciones esporádicas sobre la materia; infortunadamente estas contribuciones no tuvieron el rigor científico que se deriva del respaldo de documentos y testimonios fidedignos. Por el contrario, la tradición perpetuó relatos episódicos dispersos o salutarios no exentos de inexactitudes e imprecisiones.
La tesis central gira en torno a la “fundación definitiva”, cuando los habitantes que moraban en forma dispersa en la región central de Tierra Adentro (hoy Departamento del Atlántico), fueron obligados por orden del Virrey Eslava a compactarse en una entidad nucleada, formando el conglomerado urbano que hoy se denomina Sabanalarga.
Ese procedimiento de aglutinación le permitía al gobierno español cumplir más eficazmente con la administración de la justicia y con la cristianización de los “albares” o gentes incultas y rústicas que poblaban en forma diseminada el Curato de Sabanalarga.
De este modo, unos “38 o más sitios” de la antigua feligresía de Sabanalarga, ninguno de los cuales constituía por sí solo una entidad urbana, fueron forzados a establecerse en una sola comunidad. El comisionado por el Virrey para lograr esta concentración fue don Francisco Pérez de Vargas, a la sazón alcalde de pedáneo de Soledad, y quien fue designado juez de comisión para la fundación definitiva.
Supremamente interesante la narración que el autor hace de la polémica que se presentó en esa época por la selección del sitio que sería asiento definitivo de la nueva Villa. El “Vicario y cura propio” del Curato de Sabanalarga, Joseph Valentín Rodríguez y quien posteriormente fue el primer cura de la Parroquia ya nucleada, así como el Corregidor Francisco Navas de Acevedo, eran partidarios de que la nueva villa se fundase en el sitio de la Piñera, “más ventajoso por estar más cerca del río Magdalena”, que garantizaría el abasto y provisión de agua, palmas y maderas para las casas de habitación.
Sin embargo, ciertos sectores alegaron ante el Virrey para proponer por el sitio de la “Sabana Larga”, que finalmente resultó el escogido.
En un lapso aproximado de seis meses (el primer semestre de 1743) el juez de comisión construyó y empalizó 186 viviendas para un número equivalente de padres de familia.
Por fin, el 26 de enero de 1744, Francisco Pérez de Vargas comunica oficialmente al Virrey Sebastián de Eslava “la total fundación de esta Parroquia”, con todos sus feligreses, a excepción de unos fugitivos que se hallaban en “el Partido Real de la Cruz y de la Balza, a donde paso personalmente a atender a su Parroquia, como Vuestra Excelencia me ha ordenado”.
La anterior fecha de fundación contrasta con las versiones de algunos autores de asignar la fundación de Sabanalarga a comienzos del siglo XVI. Y los siete o diez nombres que otros historiadores señalan como fundadores de Sabanalarga en el primer cuarto del siglo XVII (1620), sólo fueron moradores dispersos que no conformaban ningún asentamiento urbano.
O sea que, a partir de la aparición del libro de José Agustín Blanco, los sabanalargueros tenemos un nuevo y definitivo fundador: Francisco Pérez de Vargas.
Este teniente del corregidor, que recorrió tantas veces a caballo los caminos y trochas de Tierra Adentro, afloró como uno de los personajes más importantes en la historia colonial del Departamento del Atlántico, y su nombre ha sido rescatado y reivindicado por la obra del doctor Blanco quien, al amparo de los documentos del Archivo Histórico Nacional, demuestra que fue Francisco Pérez de Vargas quien debió ostentar el título de fundador de Sabanalarga y no otros autores que así lo habían señalado sin el debido sustento.
Para Sabanalarga que ha sido considerada como una ciudad culta, es motivo de orgullo rescatar sus antecedentes históricos y reivindicarlos como señas de identidad y de cultura. Sus fundadores vecieros que poblaban diseminados el Curato de Sabanalarga tuvieron que compactarse en una sola entidad urbana.
Y desde entonces se inició el proceso de transición hacia la ciudad emergente que hoy conocemos en el centro del Departamento del Atlántico.
Esa transición fue lenta; sus conciudadanos fueron asumiendo sus derechos civiles. Ya en 1839 se abrió la Universidad de Sabanalarga con el nombre de Universidad José Nieves, y se clausuró.
Es por ello que la magna obra del doctor José Agustín Blanco es susceptible de distinguirse como una excepción en la historia de Sabanalarga, no sólamente por su rigor científico, sino por haber logrado rescatar la ortodoxia científica de la historia respaldada con documentos contemporáneos a los sucesos allí narrados.
Se ha necesitado para este paso una buena dosis de paciencia, humildad para ordenar los sucesos en forma coherente. Estos atributos se muestran en forma por demás admirable en el libro del doctor Blanco. Al escribir la historia de la fundación de Sabanalarga con brillo y firmeza, el mismo está contribuyendo a engrandecer la tradición de cultura del pueblo en que nació.