Por: Pepe Sánchez
Hijo de Pipino el Breve rey de los Francos –quien falleciera en septiembre de 768- su hijo Carlomagno ascendió al trono en compañía de su hermano Carlomán, y a la muerte de éste continuó como monarca único y desde 774, cuando invadió Sajonia en 772 y conquistó la Lombardía en 774, se convirtió en uno de los principales personajes de Europa.
Carlomán su hermano y co-rey de los francos, murió el 4 de diciembre de 771 d.C. en Samoussy, Francia, a los 20 años de edad.
Carlomagno logró ascender hasta los primeros planos continentales, aprovechándose de cada uno de los conflictos que proliferaban en el centro de Europa. Estaba casado con la hija de Desiderio rey de los lombardos, dueños del norte de Italia, pero terminó repudiándola a causa de que no había tenido hijos con ella.
Desiderio le declaró la guerra pero Carlomagno asedió a Pavía y no descuidó el ataque, muy a pesar de que en abril estuvo en Roma donde había sido invitado por el Papa Adriano I quien estaba también interesado en deshacerse de los lombardos. Firmó con él una alianza y regresó a Pavía, que agobiada tras los muchos sufrimientos ocasionados por una pandemia y el hambre, decidió rendirse.
En sus campañas militares, el monarca nunca había hecho mucho caso del Papado pero como ninguno de sus proyectos iban en contra de los criterios o de los intereses del Pontificado, este conglomerado siempre decidió apoyarlo.
Carlomagno entonces, ocupó el trono lombardo y se convirtió en el aliado frontal de El Vaticano. Pero aún le esperaba mucho más.
Ya para entonces, el Reino de los Francos era el más poderoso de Europa, pero aún faltaba. Ya su poder excedía el de los Papas
En el año 799, el Papa León III se había granjeado una gran cantidad de enemigos entre los parientes del anterior Pontífice, Adriano I. Estos allegados, no se resignaban a perder poder e influencia ante quien con su autoridad trataba de frenar su codicia.
El día de la Procesión de las Grandes Letanías, León III fue atacado por un grupo de hombres armados que tras herirlo, lo enviaron como prisionero al monasterio de San Erasmo. De allí logró escapar y se acogió a la protección de Carlomagno, recuperando su posición al año siguiente.
En ese año 800, coronó al monarca franco como Emperador de Occidente en la Basílica de San Pedro y significó el fin de la hegemonía de los emperadores de Oriente en el Papado que lo dominaban desde Constantinopla.
Pero ya en el 806, el flamante Emperador de Occidente estaba agotado. Las décadas de luchas contra andaluces, sajones, lombardos y de más, lo habían mermado en lo físico y en lo mental y con sus delicados problemas de salud, entendió que llegaba el tiempo de ordenar su legado.
Convocó a sus hijos y a los nobles del reino a una gran asamblea en la que trató de mantener unido el imperio pero ya fue imposible. Los eclesiásticos se habían independizado y entre los nobles reinaba la corrupción. Además existía la amenaza militar de los normandos.
Ya en 813 sólo se alimentaba de jugos de fruta y en sus últimos días, pidió que se le rectaran versículos Bíblicos, pero ya no tenía fuerzas siquiera para hacer la señal de la cruz. Murió el 28 de enero en Aquisgrán y fue enterrado en la hermosa basílica de la localidad, bajo el siguiente epitafio:
–Bajo esta losa reposa el cuerpo de Carlos, emperador grande y ortodoxo que extendió noblemente el Reino de los Francos y gobernó con fortuna durante cuarenta y siete años. Murió a los setenta y dos años en el año del Señor 814, cinco días antes de las calendas de febrero…
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