Por: Pepe Sánchez Colaborador
Hijo de Marie Cressé y Jean Poquelin, un tapicero, el 15 de enero de 1622 en París nace Jean Baptiste Poquelin, quien más tarde adoptaría el nombre de Molière, y pasaría a la historia como uno de los más feroces y despiadados críticos de muchas de las costumbres francesas de la época.
Sentía una profunda aversión hacia los médicos y así describió en El Enfermo Imaginario a un profesional del ramo:
-Es un hombre a quien se paga para que cuente tonterías en el cuarto de un enfermo hasta que la Naturaleza cure a éste o los remedios lo maten- señalaba el dramaturgo.
-Casi todos los hombres mueren de sus remedios, no de sus enfermedades- continúa afirmando en El enfermo imaginario.
Esta obra fue estrenada en el Teatro del Palacio Real el 10 de febrero de 1673 por la compañía de Molière y esta representación inicial dio origen a una leyenda que aún hoy es temida en muchas regiones de España.
Se cuenta que tras esta obra -que en principio tenía arreglos musicales- y solo siete días después de su estreno, murió su creador Molière de quien se dice que para esa primera representación, se había vestido con un atuendo de color amarillo y este tono ha pasado a ser de mal agûero entre los actores.
Al final, después se supo de manera pública que la vestimenta usada por Molière ese día era de color rojo, pero ya la especie circulaba por todo el país.
Pero…¿Cuál era la causa de la aversión de Molière hacia el cuerpo médico? Se cuenta que el escritor consideraba esta profesión como una verdadera y real farsa inefectiva, costosa, pedante e inútil y reseñaba que los tratamientos eran del todo nocivos para la salud. Que empeoraban a los enfermos y que los médicos -además de falsarios- eran arrogantes y utilizaban un lenguaje técnico -que sólo ellos entendían- para ocultar su ignorancia y sacarle el dinero de forma fácil a los pacientes.
En El Enfermo Imaginario, Molière describe a Argán, un burgués adinerado quien además es hipocondríaco y solo entiende la existencia teniendo médicos a su alrededor.
Pero desesperado por tener un galeno en la familia, este hombre adinerado concierta un matrimonio de conveniencia entre su hija Angélica con el hijo del médico Diafoirus, que es quien lo atiende desde hace mucho tiempo y se ha ganado toda su confianza.
Belinda, la segunda esposa del enfermo Argán, apoya y alienta esta decisión de que Angélica se case con Tomás, pero ella se muestra renuente habida cuenta de que está enamorada de Cleonte, quien se hace pasar ante el avaro burgués como profesor de música de su hija.
Los planes de Argán para asegurar un médico en la familia, sin embargo, se desmoronan poco a poco. La joven Angélica, firme en su amor por Cleonte, recibe el apoyo de Antonieta, la criada astuta que con ingenio y disfraces logra abrirle los ojos a su amo sobre la ridiculez de sus obsesiones.
También su hermano Beraldo interviene, recordándole que la verdadera salud no depende de remedios ni de alianzas interesadas, sino de la razón y la libertad de elegir.
Entre burlas y enredos, la farsa se resuelve con la unión de Angélica y Cleonte, mientras Argán, convencido por la estratagema de Antonieta, decide convertirse él mismo en médico para atender sus imaginarias dolencias.
Así, Molière cierra la obra con una sátira mordaz: el enfermo imaginario no solo queda desenmascarado, sino que se convierte en caricatura de su propia obsesión, dejando al público entre la risa y la reflexión sobre la medicina y las manías humanas.