Miguel Uribe Londoño anunció oficialmente que se presentará a la primera vuelta de las elecciones presidenciales con el aval del Partido Demócrata Colombiano, en una decisión que reconfigura el panorama político de cara a los próximos comicios y profundiza su distanciamiento con el Centro Democrático.
El dirigente político aseguró que su postulación responde a la necesidad de representar un proyecto que, según afirmó, no está siendo encarnado por ninguno de los actuales aspirantes a la Casa de Nariño. En su declaración pública, sostuvo que las ideas y el programa que construyó junto a su equipo han quedado por fuera del debate electoral, lo que lo llevó a buscar una nueva plataforma política para competir.
“Sus ideas y su programa, que construimos juntos, no están siendo representados por ningún aspirante a la presidencia”, expresó Uribe Londoño. En el mismo pronunciamiento señaló que su voz y sus propuestas han sido “silenciadas dos veces”: primero, con el asesinato de Miguel —en referencia a un hecho violento que marcó su entorno político— y segundo, cuando, según afirmó, el jefe del partido Centro Democrático ordenó su salida de la precandidatura sin que él hubiera renunciado formalmente al proceso interno.
El ahora candidato calificó su exclusión como una injusticia y sostuvo que contaba con una intención de voto superior a la de otras figuras que continuaban en la contienda interna. “Yo tenía una intención de voto cuatro veces mayor que las tres senadoras a quienes les iba a ganar la encuesta”, afirmó, al tiempo que cuestionó la transparencia del procedimiento mediante el cual fue apartado del proceso de selección.
La controversia se originó luego de que el abogado Abelardo de la Espriella informara al expresidente Álvaro Uribe Vélez que, presuntamente, Miguel Uribe Londoño le habría comunicado su intención de renunciar a su aspiración presidencial para sumarse a otra campaña. Tras esa versión, el Centro Democrático decidió excluirlo del mecanismo de escogencia de candidato, decisión que el dirigente ha rechazado públicamente.
En su intervención, Uribe Londoño también planteó una fuerte crítica a las posturas que, según él, dominan el debate actual en materia de seguridad. Cuestionó la idea de negociar con estructuras narcotraficantes como fórmula para garantizar la paz, y advirtió que el país no puede aceptar que la violencia influya o determine el rumbo político. “Los colombianos no podemos aceptar que la violencia decida la política”, señaló.
Al mismo tiempo, rechazó las propuestas que, en su opinión, promueven el uso indiscriminado de la fuerza sin una estrategia integral. “Bala y fuerza sin criterio, sin inteligencia, sin justicia, como si la violencia sin rumbo fuera una política pública”, expresó, marcando distancia tanto de políticas de diálogo amplio como de enfoques exclusivamente represivos.
Con este anuncio, Miguel Uribe Londoño inicia formalmente su camino hacia la primera vuelta presidencial respaldado por una nueva colectividad, en medio de tensiones con su antigua casa política y con un discurso centrado en seguridad, institucionalidad y representación de un sector que considera desatendido en la actual oferta electoral.