Muere el legendario actor Robert Duvall a los 95 años, figura clave de El Padrino

El mundo del cine está de luto tras conocerse este lunes la muerte del actor Robert Duvall, una de las figuras más influyentes de Hollywood en la segunda mitad del siglo XX. El intérprete falleció la noche del domingo a los 95 años en su residencia de Middleburg, Virginia, acompañado de su familia, según informó su esposa Luciana Duvall.

La noticia provocó reacciones inmediatas en la industria cinematográfica, donde era considerado un referente de la actuación naturalista y uno de los rostros imprescindibles del llamado Nuevo Hollywood. A lo largo de seis décadas de carrera, el artista acumuló premios, nominaciones y personajes memorables que marcaron generaciones de espectadores.

Su debut en la gran pantalla llegó con el papel del enigmático Boo Radley en Matar a un ruiseñor, donde, sin apenas diálogos, logró transmitir emociones complejas únicamente con la mirada. Aquella aparición anticipaba el estilo interpretativo que definiría su trayectoria: sobriedad, contención y precisión psicológica.

El reconocimiento masivo llegó una década después bajo la dirección de Francis Ford Coppola. En El Padrino Parte II y su primera entrega, Duvall interpretó al abogado Tom Hagen, consejero de la familia mafiosa Corleone. Mientras Marlon Brando, Al Pacino y James Caan dominaban la pantalla con intensidad, Duvall aportaba equilibrio y frialdad estratégica. Su actuación le otorgó su primera nominación al Óscar y consolidó su prestigio internacional.

A pesar de su asociación con personajes serenos, demostró un registro explosivo en Apocalipsis Now. Como el teniente coronel Bill Kilgore protagonizó una de las escenas más recordadas del cine bélico, que le valió una nueva nominación a la Academia y un Globo de Oro.

La estatuilla dorada finalmente llegó en 1984 por Tender Mercies. En ese drama interpretó a un cantante de country alcohólico en busca de redención, un papel para el que incluso escribió sus propias canciones. La crítica destacó la autenticidad de su trabajo, afirmando que no interpretaba al personaje sino que lo habitaba.

En sus últimos años seleccionó cuidadosamente sus proyectos. Su participación en El juez le otorgó su séptima y última nominación al Óscar, convirtiéndose entonces en el actor más longevo en competir por el galardón.

Con su muerte, Hollywood pierde a uno de los grandes intérpretes de su historia: un actor capaz de dominar la pantalla sin exageraciones y de convertir el silencio en una poderosa herramienta narrativa. Su legado queda inscrito en algunas de las películas más influyentes del cine contemporáneo.

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