Efemérides: Marzo 26 Día Mundial de la concientización de la Epilepsia

Llamado también Día Púrpura. Cabe aclarar que la epilepsia no es un tipo de enfermedad mental o psiquiátrica; su fisiopatología obedece a una serie de descontrol o un mal funcionamiento neurológico; es decir, se deriva un exceso de la actividad eléctrica, de un puñado de celulas cerebrales

Por Enrique Daza López Filósofo, Universidad del Atlántico y Médico cirujano, Universidad Metropolitana

Enrique Daza, médico
Enrique Daza, médico

El objetivo es poder concientizar a la sociedad sobre los pormenores de esta patología que en todo el mundo afecta a decenas de millones de personas y que en la actualidad la sufren. Se estima que más de 50,000.000  millones la padecen.

Para ello se precisa de una serie de investigaciones científicas con el fin de encontrar un mayor y mejor tratamiento a través de financiamientos, donaciones de entidades públicas y/o privadas, etc,  que conduzcan en un futuro no lejano la cura de esta enfermedad.

Cabe aclarar que la epilepsia no es un tipo de enfermedad mental o psiquiátrica; su fisiopatología obedece a una serie de descontrol o un mal funcionamiento neurológico; es decir, se deriva un exceso de la actividad eléctrica, de un puñado de celulas cerebrales por llamarlo así, hiperexcitándose y trayendo como principal consecuencia la afectación de ciertas funciones como el movimiento o el comportamiento, incluyendo de igual manera el nivel de conciencia alterando la noción de lo que sucede alrededor del individuo.

Su etimología proviene del griego epilambaneim, cuyo significado es “tomar por sorpresa”refiriéndose a un conjunto de enfermedades las cuales se manifiestan por crisis epilépticas causadas por un descontrol de neuronas cerebrales.

Este tipo de crisis pueden generalmente durar unos pocos segundos o unos minutos, con los cuales finaliza volviendo el cerebro a su función normal. Ahora bien, el tipo de convulsión podrá depender de la parte del cerebro afectada y la causa de la epilepsia.

Las investigaciones han dado a conocer dos tipos de crisis:

Una, las crisis generalizadas, que llegan a afectar a toda la superficie del cerebro, provocando de esta manera la pérdida del juicio y dos, las crisis conocidas como parciales o focales, aquí la descarga comienza en una zona específica la cual llega a extenderse por el resto de la corteza cerebral.

Algunas causas de epilepsia:

Enfermedades como la diabetes y alcoholismo.

Epilepsias de orden hereditario.

Problemas antes del nacimiento que afectan al crecimiento del cerebro.

Problemas durante el parto que ocasionan algún tipo de encefalopatías

Traumas de la cabeza, por accidentes de tránsito.

Tumores cerebrales.

Infecciones del cerebro, como meningitis o encefalitis.

Algún tipo de hemorragia cerebral, es decir formación de un coágulo de sangre en el interior del cerebro.

¿Cómo se trata la epilepsia?

El primer paso es acudir al especialista para asegurarse de que el paciente pueda tener epilepsia antes de iniciar cualquier tratamiento. El diagnóstico requiere que se haya sufrido por lo menos dos o tres crisis no provocadas.

Una vez realizado el diagnóstico se recomienda comenzar el tratamiento lo antes posible y seguirlo a cabalidad.

El tratamiento más común utiliza fármacos antiepilépticos (FAE), que logran controlar las crisis en aproximadamente el 70-80% de los pacientes. Los medicamentos restauran el equilibrio químico de las neuronas y atenúan las descargas eléctricas anormales.

Entre un 20-30% de personas no responden al tratamiento farmacológico simple (con un solo medicamento) por eso se hace necesario combinar ciertos fármacos. Pero aún así algunos tipos de epilepsias no responden a la medicación pudiendo necesitar o recurrir a una intervención quirúrgica o a la estimulación del nervio vago (ENV) mediante una implantación de un electrodo bajo la piel del cuello.

Aunque el tratamiento mejora la calidad de vida y en la mayoría de los casos se logra controlar este tipo de crisis, los pacientes de epilepsia todavía deben hacer frente al estigma social derivado del desconocimiento de la enfermedad.

Cabe decir que los niños cuando alcanzan elevadas temperaturas corporales, pueden experimentar algún tipo de convulsiones, las cuales no precisamente se pueden correlacionar con la epilepsia; al ocurrir este tipo de situaciones no deseadas es precisa una interconsulta con su médico o su pediatra.

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