Por: Ppepe Sánchez
En principio, Los Poetas Malditos (Poetes Maudits) eran seis, Tristan Corbière, Arthur Rimbaud, Stéphane Mallarmé, Marceline Desbordes-Valmore, Auguste Villiers de L’Isle-Adam, y Pobre Lelian («Pauvre Lelian» en el original francés, una especie de mezcla hecha por el propio Paul Verlaine), autor de la selección de escritores que incluyó en el libro que lleva ese nombre.
Según Verlaine, el genio de cada uno de ellos había sido su perdición y su maldición, llevándolos lejos del resto de personas, señalados como individuos diferentes al resto de la sociedad, y con vidas trágicas,de tendencias autodestructivas, producto de sus dones literarios.
Paul Verlaine tomó el nombre de un texto de Charles Baudelaire Las Flores del Mal donde aparece el término «malditismo», que se generalizó y cada quien fue agregando nombres a la lista inicial de seis. Hoy, aparecen entre otros, el propio Baudelaire, François Villon, Thomas Chatterton, Aloysius Bertrand, Gérard de Nerval, el conde de Lautréamont, Petrus Borel, Charles Cros, Germain Nouveau, Antonin Artaud, Émile Nelligan, Armand Robin, Rodrigo Pérez Cambre, Innokienti Ánnienski, John Keats, Federico García Lorca, José Antonio Ramos Sucre, Alejandra Pizarnik, Fogwill, Edgar Allan Poe, Leopoldo María Panero, Charles Bukowski, Roberto Bolaño, Jim Morrison e Ian Curtis, y un colombiano, Raúl Gómez Jattin.
Uno de estos Poetas Malditos, Arthur Rimbaud -nacido el 20 de octubre de 1854- tuvo un romance calificado como «de las historias de amor más trágicas de la literatura francesa», con Verlaine autor del libro Los Poetas Malditos (Poetes Maudits) y de la selección.
El romance no estaba destinado para un buen fin. Fue una relación turbulenta en la que ambos parecían buscar destruirse. Rimbaud un personaje controversial, provocador y agresivo y Verlaine, diez años mayor que él, bebedor insaciable, depresivo y violento, chocaban de manera constante, se separaban y volvían, hasta cuando la bebida lo decidió, el 10 de julio de 1873.
Verlaine, borracho, le disparó dos veces a su amante, hiriéndolo en la mano izquierda y gritándole: Así aprenderás de una vez por todas a marcharte.
Ahí terminó todo. Verlaine estuvo 2 años preso y en sus últimos años, gozó de gran prestigio literario (dio conferencias en Bélgica y Gran Bretaña y fue elegido «Príncipe de los poetas» en 1894), lo que contrasta con la miseria y el estado de degradación en que vivía, se dice en Biografía y Vidas.
Antes, había vuelto a la cárcel por haber intentado estrangular a su madre bajo los efectos del alcohol
Rimbaud, mientras tanto, emprendió un viaje por Europa y después por África, que tampoco tuvo final feliz. A sus 18 años, había descrito su sueño en el largo poema Une saison en enfer (Una Temporada en el Infierno)
He cumplido mi jornada; abandono a Europa. El aire marino quemará mis pulmones; me curtirán los climas perdidos. Nadar, pisotear hierba, cazar, sobre todo fumar; beber licores fuertes como metal hirviente, —a semejanza de aquellos queridos antepasados– alrededor del fuego.
Regresaré, con miembros de hierro, la piel ensombrecida, la mirada furiosa: por mi máscara, se supondrá que pertenezco a una raza fuerte. Tendré oro: seré ocioso y brutal. Las mujeres cuidan a esos feroces lisiados reflujo de las tierras cálidas. Intervendré en política. Salvado.
Pero no fue así. Volvió es cierto con la piel oscura y el pecho quemado. pero también con una pierna muerta a causa de un cáncer, sin oro y con un hastío infinito.
Murió el 10 de noviembre de 1891 y a su sepelio, por orden de su madre, solo asistieron dos personas. Ella y su hija.