Por Francisco Figueroa Turcios – La Chachara – lachachara.org
Marcos Pérez Caicedo, fue la primera voz noticiosa que tuvo Colombia. Dos millones de costeños escuchaban tres veces al día la misma voz guapachosa que teatraliza, más que leía las cuñas, intercaladas con información y notas de servicio cívico, a lo largo de una hora y 45 minutos. Fue un fenómeno social. Desafiaba la psicología colectiva y se constituyó en un mito popular.
Desde los municipios fronterizos de Venezuela hasta poblaciones panameñas perdidas en la selva, la voz de Marcos Pérez Caicedo recorre todo el litoral atlántico y sirve de compañía a sus habitantes desde el momento en que despiertan y encienden la radio para escuchar la emisión de las 6 a.m. Al medio día almuerzan con la emisión que empieza a las 11 y 40 am. El nombre de Marcos Perez, se citaba en discusiones de café como autoridad de dimensión bíblica: »Lo dijo Marcojpére, y ya está…».
Marcos Pérez Caicedo atribuía su éxito al humor y al mamagallismo con que produce el noticiero. Una cuña nunca es igual dos veces. Marcos hace un minidrama de cada una. Y como jamás lee anticipadamente las 30 cuartillas de noticias y avisos cívicos que compone cada edición- en cuya redacción no interviene para nada pese a ser el director del noticiero- , con frecuencia improvisa comentarios sobre la marcha. No es raro que diga, al terminar de leer una noticia sobre manejos extraños en alguna oficina pública: «Mmmmhhh, esto huele raro, muuy raro…».
Otra clave de la acogida del noticiero -calculada en 90 de cada 100 costeños- son sus servicios a la ciudadanía. Desde mensaje de amor («Favor informar Finca El Encanto, Estado de Zulia, Venezuela a Laureanito Baena, qué extraño silencio. Eufemia Gamarra»), hasta comunicados oficiales que llegan primero que el correo o el telegrama: «Ruégole avisar al corregimiento Guaimaral, Cesar, que el domingo 30 del corriente se adelantará una extensa campaña de cedulación. Jaime Castillo Cantillo.
Marcos se convirtió en la voz de los que no tenían voz ante los funcionarios públicos. La gente utilizaba el noticiero Informando para hacer públicas las denuncias como el caso del barrio La Ceiba en Barranquilla, que a sus habitantes le aumentaron el valor del consumo del agua sin tener el servicio del preciado liquido, cuando a diario debían comprarla al detal.
Los servicios cívicos de Marcos Pérez hizo regresar maridos extraviados (Vuelve a casa. Todo está perdonado. Tus hijos quieren verte, María Helena, Barranquilla»), reunido novios, recuperado niños -Alguna vez recibió una carta fechada en un pueblito panameño y firmada por un señor de apellido Barcasnegras que hacia 25 años no sabía de la familia. Dos días después de pasarla por el micrófono llegaron al noticiero empolvadas caravanas de Barcasnegras, que veían de Santa Catalina, de Calamar, de Bayunca y querían ponerse en contacto con ese pariente que creían muerto.
Las señoras de la sociedad de Barranquilla también acudían a Marcos Pérez. Rosita de McCausland necesitó a una vieja muchacha del servicio residente en El Rosal, Caucasia. Marcos Pérez lo difundió por la radio, y a las 48 horas estaba la solicitada en Barranquilla luego de haber andado caminos a lomo de mula, atravesando ríos en Johnson y tomando tres flotas de Brasilia.
«Creo que Marcos Pérez Caicedo es la voz más grande que ha producido la historia de la radio colombiana. Yo era un niño y todavía recuerdo cómo era que en los pueblos del Caribe se quedaban las calles vacías al mediodía, porque todo el mundo se iba para su casa a oír el noticiero de Marcos Pérez. Además, la credibilidad que infundía y la confianza que inspiraban eran irrepetibles. Marcos Pérez ya es parte de la historia de Colombia. Su legendario sentido del humor se volvió inolvidable» anota Juan Gossaín.
Marcos Pérez Caicedo, se convirtió en el WhatsApp (es una aplicación de mensajería instantánea para teléfonos inteligentes, en la que se envían y reciben mensajes mediante Internet, así como imágenes, vídeos, audios, grabaciones de audio) de la época para tener comunicado a la gente de la región Caribe y también a las poblaciones vecina de Venezuela y Panamá con sus familiares.
En el pueblo rara era la familia que no tuviera sintonizada en su radio de batería, la emisora Radio Libertad.
Pero su paso Por la Cadena Radial La Libertad, marcó toda una época que paraba tráfico y dejaba las calles solas en su afán de estar en casa, restaurante, oficina frente a un radiotransistor para escuchar las noticias del radioperiódico Informando, «porque si lo dice Marcos Pérez, es cierto«, decía la gente.
SERVICIOS SOCIALES DE RADIO LIBERTAD DE BARRANQUILLA
ANÉCDOTA RADIAL: en Plato, Magdalena, a comienzo de los años sesenta, un chibolero en una época invernal, le pregunta a otro:
En el año 1962 se convirtió en el lector del «Diario Hablado» en La Voz de la Patria, emisora símbolo de Barranquilla. Pasaría luego a Radio Libertad, hasta cuando fundó su propio espacio informativo, el «Radioperiódico Informando«. Alternaba la actividad periodística con las transmisiones de béisbol y boxeo, especialmente del primero.
En octubre del año 1965 salió al aire la emisora de mayor potencia y alcance del área caribe: Radio Libertad, con 50 kilovatios. En esta emisora Marcos Pérez Caicedo se ganó el aprecio de toda la Costa con su programa noticioso y las narraciones de béisbol y boxeo. En esos años sesenta del siglo XX, Marcos Pérez Caicedo se había quedado sin rivales en la radio barranquillera, ya que desde su tribuna radial fue el más oído.
Cuando Marcos Pérez Caicedo llegó a Radio Libertad, fue sustituido en La Voz de la Patria por su hermano Rafael Pérez Caicedo, quien “no dio chicle” en las noticias. Pasado un tiempo regresó nuevamente con su “Radioperiódico Informando”, a esa su siempre emisora, en donde estuvo activo en la radio hasta el año 1990, en “La universidad de la radio y la emisora de la tonalidad perfecta”, como él calificaba a La Voz de la Patria.
Por el «Diario Hablado», programa noticioso de tres emisiones diarias, pasaron locutores de la talla de: Marcos Pérez Caicedo, Gustavo Castillo García, Ventura Díaz Mejía, Eduardo Hernández Vega e Ítalo Iguarán Pertúz.