Por: Pepe Sánchez (colaborador)
En 1867, José de los Santos Gutiérrez, presidente del Estado Soberano de Boyacá, tomó una decisión inusual: declaró la guerra a Bélgica. Pero no fue un acto de interés político ni económico, sino una reacción impulsada por el desamor.
Hay que recordar que para ese entonces, Colombia era un estado federal -Estados Unidos de Colombia- y que el Estado de Boyacá había sido reconocido de manera oficial en la Constitución de 1858 y declarado Soberano en la de 1863. Este Estado Soberano -lo mismo que los demás del país- subsistieron hasta 1886, al entrar en vigencia la nueva Carta Magna.
Gutiérrez, un abogado y militar nacido el 24 de octubre de 1820 en Cocuy, Boyacá, estuvo presente en la creación y firma de la Constitución de 1863 y tras ser designado General Jefe del Ejército Gobernador de los Estados Soberanos de Boyacá y Cundunamarca, ocupó la presidencia de Colombia el 1 de abril de 1868, e impulsó el establecimiento claro de los límites con Brasil y mejoró los sistemas de comunicaciones en la nación a través de los telégrafos
Pero volvamos al tema de la decaración de guerra.Gutiérrez había estudiado en la Universidad de Lovaina, donde se enamoró de Josefina Harboot, una joven belga cuyo amor nunca logró conquistar. Sus padres, firmes en su oposición, rechazaron la posibilidad de un matrimonio con él. Para ellos, resultaba más aceptable que su hija viviera en el Congo Belga antes que en Boyacá, una tierra que consideraban demasiado lejana e incierta.
Esa fue la razón irreductible que adujeron los progenitores de la dama según los relatos, pero además, se cuenta que la propia protagonista, Josefina Harboot -no se sabe si por complacer a sus padres o por sentimiento propio- afirmó no estar enamorada.
Sí, los padres de Josefina Harboot se opusieron al matrimonio porque no querían que su hija se trasladara a Colombia, un país que les resultaba desconocido y lejano. Según los relatos, preferían que ella viviera en el Congo Belga antes que en Boyacá. Además, Josefina misma no correspondió del todo a los sentimientos de José de los Santos Gutiérrez, lo que terminó por frustrar la relación.
Dolido por la negativa y ya como gobernante, Gutiérrez redactó una carta declarando la guerra al Reino de Bélgica. Sin embargo, la misiva nunca llegó a su destino, y la guerra jamás comenzó. Durante más de un siglo, este curioso conflicto quedó en el olvido.
Pocos le daban credibilidad a esta historia pero al final, en 1988, el embajador belga en Colombia, Pierre Dumont, envió una carta al gobernador de Boyacá declarando, con tono humorístico, el “cese al fuego” de una guerra que nunca había iniciado. Así, tras 121 años, terminó oficialmente uno de los conflictos más insólitos de la historia sin que se disparara una sola bala.
La paz quedó sellada de manera definitiva el 28 de mayo de ese año y la firma se hizo en la ciudad de Tunja, con varios embajadores como testigos.
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