Ataques en el estrecho de Ormuz elevan tensión entre Irán y EE. UU. y amenazan el mercado petrolero mundial

La escalada del conflicto en Oriente Medio volvió a intensificarse este miércoles luego de que Irán atacara varios navíos en el estratégico Estrecho de Ormuz, una de las principales rutas mundiales para el transporte de petróleo. Las autoridades iraníes aseguraron que están preparadas para sostener una guerra prolongada que, según advirtieron, podría “destruir” la economía global.

El estrecho de Ormuz es considerado un punto clave para el comercio energético internacional, ya que por esa vía transita una parte significativa del crudo que abastece a los mercados de Asia, Europa y otras regiones. Los ataques contra embarcaciones en esta zona han generado preocupación en la comunidad internacional ante el riesgo de interrupciones en el suministro de petróleo y una posible escalada militar en la región.

Tras conocerse los ataques, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, afirmó que el conflicto podría terminar “pronto”. El mandatario también aseguró que “prácticamente no queda nada por atacar en Irán”, en referencia a los bombardeos que han golpeado al país durante casi dos semanas.

La guerra comenzó el pasado 28 de febrero, cuando fuerzas de Estados Unidos y Israel lanzaron una ofensiva que terminó con la muerte del líder supremo iraní, un hecho que marcó un punto de inflexión en la ya tensa relación entre Teherán y sus adversarios en la región.

Desde entonces, los ataques y las represalias han sumido a Oriente Medio en una situación de alta inestabilidad política y militar. El impacto también se ha extendido al mercado energético global, donde analistas advierten que cualquier interrupción prolongada en el flujo de petróleo por el estrecho de Ormuz podría provocar fuertes incrementos en los precios del crudo y afectar la economía mundial.

En Teherán, la población intenta adaptarse a la vida bajo los bombardeos. Según testimonios recogidos por la Agencia France-Presse, muchos habitantes tratan de mantener cierta normalidad pese al clima de incertidumbre.

“Nos estamos acostumbrando a vivir a pesar de todo y a adaptarnos, lo mejor que podemos, a esta situación”, relató un residente de la capital iraní. Otros ciudadanos expresan resignación frente a la crisis. Mahvash, una mujer de 70 años, explicó que la población intenta sobrellevar el conflicto con esperanza y fe: “Hemos puesto nuestra fe en Dios. Por ahora, hay comida en las tiendas”.

A medida que se prolonga la guerra, crece la preocupación internacional por las consecuencias humanitarias y económicas del enfrentamiento. Expertos advierten que una escalada mayor podría afectar no solo la estabilidad de Oriente Medio, sino también los mercados energéticos y las cadenas de suministro globales, en un momento de alta volatilidad geopolítica.

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