Por Lino Villanueva
El compositor colombiano de música tropical con más registros y canciones grabadas es Isaac Villanueva Mendoza, con un repertorio que supera las 700 obras a lo largo de su trayectoria. Creo que debemos agradecer a Dios ese tiempo feliz en que sobrinos, primos, tías y tíos nos reuníamos a homenajear al cumplimentado en su propia casa todos los 25 de octubre. Ese día se tertuliaba, se conversaba sobre el tema favorito de la toda la Familia Villanueva: la música. Pero, como en esos casos, una cosa lleva a la otra, ese ambiente festivo y etílico se prendía y las tías terminaban mostrándoles a los sobrinos como era que se debían bailar en pareja piezas clásicas de la música colombiana como “lo mío es mío”, “el armadillo”, “la parabólica”, “la machaca”, o tal vez, “el mete y saca”. Todas las canciones anteriormente mencionadas llevan la rúbrica autoral de Isaac Villanueva, quien está más vivo que todos nosotros, proclamando el único derecho por el cual todavía parece lúcido pelear: el derecho a ser feliz, como siempre lo expresó y enseñó en sus 700 páginas musicales, memorables, que deberíamos volver a escuchar con frecuencia. Y a propósito de enseñar, su magisterio consistió, precisamente en eso, en enseñar a ser feliz. Magisterio que ejerció y desarrolló desde aquel primer momento en que su padre, el trombonista Marcelino Villanueva, lo lleva de Piojó a Barranquilla, a entregarle su primera composición a Pacho Galán. Entonces a Isaac, siendo un adolescente de 14 años, la Sonora Curro (propiedad de Curro Fuentes) le graba su primera composición titulada “En el duro”, aludiendo en su letra a un lugar de convites, bailes, rumbas y parrandas, es decir, la cantina más cotizada del momento en su pueblo natal, llamada “El Duro”.
Ya desde allí comenzó a distinguirse por la incorporación de un lenguaje auténtico, franco y muy costeño donde se mezclan la alegría, la burla y la sátira de la cultura popular del Caribe, elementos hábilmente utilizados, sin incurrir en la vulgaridad. Utiliza figuras como la hipérbole para enfatizar aspectos de la realidad, y el buen humor para hacer más digerible el mensaje. Tuvo el acierto de utilizar el recurso literario de la Picaresca en la mayoría de sus creaciones musicales. La Picaresca en sus composiciones se utiliza para incluir mensajes con un significado oculto, que se interpreta como una forma de expresión popular que, aunque a simple vista puede parecer inocente, tiene una segunda lectura pícara o picante, siendo esta una característica común en la música popular colombiana, como, por ejemplo, en las temáticas de las bandas papayeras. A propósito, fue precisamente esta música de banda de viento la más fuerte influencia del prolífico compositor colombiano Isaac Villanueva Mendoza, hijo de Marcelino Villanueva (ejecutante del trombón de pistones y el bombardino) y de Ercilia Mendoza (“cantadora tradicional” y también compositora). Con estos ingredientes escribió para gigantes como Joe Arroyo, Los Corraleros de Majagual, La Sonora Dinamita, Los Latin Brothers, Joseíto Martínez, Juancho Polo Valencia, Los Tupamaros, Los Líderes, Uganda Kenia, Los Titanes y muchos más. Isaac Villanueva entendía qué artista necesitaba cada canción.
Enseñar a ser feliz no es tarea fácil. Pero Isaac Villanueva lo logró, demostrando que el folclor es identidad. Dejando claro que la cultura no salva nada ni a nadie. No justifica. Pero es un producto del hombre: el hombre se proyecta en ella, se reconoce. Y desde un pequeño pueblo como Piojó pudo impactar al mundo. Su música es un patrimonio vivo. Hoy recordamos al arquitecto invisible del sonido tropical colombiano. A un hombre que convirtió la tradición en historia musical.