Por:Pepe Sánchez
El 16 de abril de 1867 nació Wilbur Wright, el mayor de los hermanos que revolucionaron la historia de la aviación. Fue él quien, en 1898, escribió al Smithsonian Institute de Washington para anunciar que se dedicarían formalmente a construir una máquina voladora.
En esa carta, pidió apoyo para una investigación previa y dejó claro que no se trataba de una idea descabellada, sino de un proyecto serio que aprovecharía todo lo que ya se sabía sobre el tema.
Su hermano Orville, nacido el 19 de agosto de 1871, compartía el mismo entusiasmo. Juntos lograron lo que nadie había conseguido: levantar del suelo una máquina más pesada que el aire, impulsada por su propio motor, que logró volar libremente y aterrizar sin destrozarse.
Eso ocurrió el 17 de diciembre de 1903 en Kitty Hawk, un pueblo de pescadores en Carolina del Norte que eligieron por sus vientos constantes y su suelo suave, ideal para aterrizar sin complicaciones.
Más que un vuelo, aquel primer intento fue casi un salto. Duró apenas 12 segundos y recorrió 36 metros, pero fue suficiente para demostrar que el sueño de volar ya no era solo cosa de visionarios.
Cinco años después, el 8 de agosto de 1908, los hermanos decidieron mostrar su invento en Europa. La presentación se hizo en el Hipódromo de Hunaudières, cerca de Le Mans, Francia. El avión que llevaron, el Wright Model A, era una versión mucho más avanzada que el Flyer original. Tenía mayor tamaño, un motor más potente y mejor capacidad de maniobra.
Pero no todo fue fácil. El aparato sufrió daños durante el transporte, porque los agentes aduaneros empacaron las piezas de forma desordenada. Wilbur incluso sufrió quemaduras con vapor mientras revisaba el motor, lo que obligó a retrasar la demostración por varios meses.
Finalmente, el vuelo se realizó y fue un éxito. El público quedó impresionado por la estabilidad del avión y la habilidad de los hermanos. Desde ese momento, los Wright se convirtieron en celebridades internacionales.
Sin embargo, el éxito técnico no se tradujo en éxito comercial. En 1909 fundaron la Wright Company, con sede en Nueva York, pero el negocio nunca despegó como esperaban. Se enfocaron más en proteger sus patentes que en mejorar sus diseños, y eso los dejó atrás frente a otros fabricantes que avanzaban más rápido.
Además, se enredaron en una serie de demandas contra competidores, lo que los aisló del resto del sector aeronáutico. En 1916, la empresa fue vendida y terminó fusionada con otra compañía, cerrando así una etapa que, aunque brillante en lo técnico, fue bastante gris en lo comercial.
A pesar de todo, el vuelo en Le Mans marcó un hito. Fue la primera vez que Europa vio en acción una máquina voladora capaz de mantenerse en el aire con estabilidad y control. Y aunque los Wright no lograron convertir su invento en un negocio exitoso, su legado quedó intacto: fueron los pioneros que abrieron el camino para que el mundo pudiera volar.