Una serie de muertes y desapariciones de exmilitares, científicos y עובדים vinculados a instalaciones nucleares y espaciales en Estados Unidos encendió las alertas de las autoridades federales, llevando al FBI a asumir la coordinación de las investigaciones. Aunque el fenómeno ha generado inquietud pública y especulaciones sobre posibles conexiones criminales o de espionaje, hasta el momento no se han encontrado evidencias que respalden estas hipótesis.
En los últimos tres años, se han registrado al menos diez casos bajo análisis, que incluyen tanto fallecimientos como desapariciones en distintos puntos del país. Cuatro de las desapariciones más recientes ocurrieron en el estado de Nuevo México, particularmente en zonas cercanas a laboratorios estratégicos como Los Alamos National Laboratory, así como otras instalaciones bajo supervisión del Departamento de Energía de Estados Unidos. Además, algunos de los casos involucran personal vinculado al Jet Propulsion Laboratory, lo que amplió la atención sobre la seguridad en estos entornos sensibles.
El creciente número de incidentes motivó la intervención conjunta de agencias estatales y federales, junto con una coordinación permanente entre el FBI y el Departamento de Energía. Sin embargo, tanto funcionarios como expertos han insistido en que no existen pruebas que indiquen una conexión directa entre los casos. De acuerdo con reportes de la cadena CBS News, las investigaciones se centran en descartar posibles vínculos, aunque hasta ahora los eventos parecen responder a circunstancias individuales.
El tema ha cobrado relevancia mediática, especialmente tras declaraciones del expresidente Donald Trump, lo que ha alimentado teorías en redes sociales sobre posibles actos de espionaje o sabotaje contra programas estratégicos del país. No obstante, especialistas han rechazado estas versiones, señalando que los casos están dispersos en el tiempo y en distintas instituciones, sin un patrón claro que sugiera una operación coordinada.
Expertos como Joseph Rodgers, del Center for Strategic and International Studies, han subrayado que las víctimas no estaban concentradas en un mismo proyecto o sistema de armas, lo que debilita la hipótesis de una acción deliberada. En la misma línea, Scott Roecker, de la Nuclear Threat Initiative, destacó que Estados Unidos cuenta con miles de científicos, por lo que eliminar a un número reducido no representaría una ventaja estratégica significativa para ningún adversario.
Entre los casos más relevantes figura la desaparición del mayor general retirado William Neil McCasland en Nuevo México, cuyo paradero sigue siendo desconocido. También se reportan las desapariciones de empleados como Steven Garcia y Melissa Casias, así como la ingeniera aeroespacial Monica Jacinton Reza en California. En paralelo, varias muertes ocurrieron en contextos diversos, incluyendo hechos violentos, causas naturales y accidentes, como el asesinato del académico del Massachusetts Institute of Technology, Nuno Loureiro, o el fallecimiento de científicos vinculados a la NASA.
Las autoridades han revisado expedientes, necrológicas y testimonios familiares sin encontrar conexiones entre los casos. Según fuentes del Departamento de Energía, muchas de las muertes responden a situaciones personales o médicas, propias de una comunidad laboral amplia que supera los 20.000 empleados.
Las labores de búsqueda continúan con apoyo de equipos locales, drones y unidades especializadas, mientras el FBI reafirma su compromiso de esclarecer los hechos. Por ahora, la principal conclusión es que no hay evidencia de conspiración, aunque la investigación sigue abierta ante el creciente escrutinio público.