Tensión entre EE. UU. e Irán escala por propuesta nuclear y control del estrecho de Ormuz

Desde Washington D.C., el presidente Donald Trump lideró una reunión de alto nivel con su equipo de seguridad nacional para analizar la más reciente propuesta de Irán, en un contexto de creciente tensión geopolítica en Medio Oriente. El encuentro se produjo antes de recibir al rey Carlos III y tuvo como eje central la negativa del régimen iraní a desmantelar su programa nuclear, a cambio de ofrecer la apertura del estratégico estrecho de Ormuz.

Durante más de dos horas en la Casa Blanca, Trump evaluó la iniciativa junto a su vicepresidente JD Vance, el secretario de Estado Marco Rubio, el jefe del Pentágono Pete Hegseth y el enviado especial para Medio Oriente Steve Witkoff. A pesar de la firme postura frente a Teherán, el mandatario opta, por ahora, por la vía diplomática, instruyendo a sus funcionarios a agotar las negociaciones telefónicas con el régimen iraní.

Las exigencias de Washington incluyen el desmantelamiento total del programa nuclear iraní, la libre navegación en el estrecho de Ormuz sin condiciones, el cese de la producción de misiles balísticos y drones, y la suspensión del apoyo a grupos como Hezbollah, Hamas y los hutíes. Sin embargo, estas condiciones han sido rechazadas por Irán, cuyo liderazgo, encabezado por Mojtaba Khamenei, ha optado por reforzar sus alianzas internacionales.

En este sentido, el canciller iraní Abbas Araqchi viajó a Moscú para evidenciar el respaldo del presidente Vladimir Putin, y posteriormente a Pakistán, donde busca apoyo diplomático del primer ministro Shehbaz Sharif como mediador ante Washington.

No obstante, Trump ya habría descartado la propuesta iraní en su forma actual, reiterando que cualquier acuerdo deberá incluir condiciones estrictas desde una primera fase. “No nos podemos permitir que se salgan con la suya”, afirmó Rubio, subrayando que un eventual pacto debe impedir de manera definitiva que Irán avance hacia la obtención de armas nucleares.

El pulso diplomático se desarrolla en medio de presiones internas en Estados Unidos, donde el incremento de los precios del petróleo —derivado del bloqueo en Ormuz— impacta directamente en la economía doméstica y podría tener consecuencias en las elecciones de medio término. El control del Congreso aparece como un factor clave en la estrategia política de Trump.

En paralelo, el Pentágono ha presentado diversas opciones militares a la Casa Blanca para forzar la apertura del estrecho y presionar a Irán a negociar. Sin embargo, el mandatario aún privilegia una salida diplomática, mientras sus principales asesores inician una ronda intensiva de contactos con actores internacionales como Pakistán, Omán y Rusia.

Con posiciones enfrentadas y sin un plazo definido para alcanzar un acuerdo, mayo se perfila como un mes decisivo en la relación entre Estados Unidos e Irán, en un escenario donde la diplomacia y la posibilidad de una escalada militar avanzan en paralelo.

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