Movimiento Hiperorgánico, EVITERNO: Sin tiempo en el tiempo

Por : Guillermo Luis Nieto Molina
Escritor– Poeta

No voy a mentirte. La mayoría de los libros llegan y se van. Pasan por la mesa, saludan y se mueren en el estante. A veces nadie los vuelve a traer a la vida al leerlos.

EVITERNO, no.

Este libro retoma, y de qué manera, algo que hacía falta: el Movimiento Hiperorgánico. Y lo hace sin pedir permiso a las escuelas, sin negociar con los géneros. Porque aquí narrar no es contar. Aquí narrar es hacer latir. Es gravitar en un nuevo universo literario.

San Agustín ya lo había advertido hace 1600 años: «Si nadie me pregunta qué es el tiempo, lo sé. Si quiero explicarlo, no lo sé». Y EVITERNO entiende eso. No explica.

La ciudad se cansó de ser mapa y decidió ser animal, sentimiento .Tiene balcones por cejas, farolas por vértebras, y esquinas que respiran cuando nadie las mira. ¿Te das cuenta? No estamos leyendo una descripción. Estamos asistiendo a un espacio sensorial creado por la palabra. El espacio tiene metabolismo. El reloj tiene órgano.

Una vez escribí en un bonsái literario, respecto al tiempo:
—¿Qué es el tiempo? —preguntó.
—El tiempo es una creación del hombre, para desesperar a otros hombres y mortificarse él mismo. El tiempo son recuerdos que ya pasaron, presentes instantáneos y futuros inciertos. El tiempo existe para el que cree en él —contestó.

En EVITERNO el reloj no existe como objeto de museo. Anida, pulsa, se expande, revierte, restituye, integra. La narración deja la secuencia y comienza a respirar por latidos. El lector extravía el tiempo, y en EVITERNO, aunque existiese el tiempo, se vive, se siente, se respira de otra manera, de otra forma: porque es el tiempo del arte literario. El autor maneja distiempo, conjuga futuros con pasados y presentes con sueños o revelaciones.

Heráclito nos enseñó que «nadie se baña dos veces en el mismo río». EVITERNO es ese río. Eviterno: corriente viva. No cerro inmóvil como piedra. Pasa y permanece. Su tránsito no se detiene porque no quiere morir. Simone Weil lo resumió mejor: «El instante es la imagen móvil de la eternidad inmóvil«, y en estas imágenes del libro uno vuelve a bañarse —léase: leerlo— después de un periodo y la experiencia es totalmente distinta.

Bergson completó la idea: «La duración es el progreso continuo del pasado que roe el porvenir». Eso es lo no vivido que insiste. Esa es la identidad que se fragmenta para continuar. El libro lo registra sin anestesia. Es franco, directo, sin el andamiaje usual de metáforas diversas.

En EVITERNO, el mercado recuerda. Cada objeto tiene vida. Cada gesto activa un sentimiento. No hay nada gratis en la experiencia humana, dice el libro. Y tiene razón. Hasta respirar cuesta. Nietzsche lo sabía: «¿Qué es, pues, el tiempo? Un perro que se muerde la cola». Estado que se sostiene en el tiempo. Ciclo sin muerte.

Esto no es literatura para comentar en taller. Es literatura para vivirla. Para que te duela, nos pellizque. Para que te cambie el pulso. Para confrontarnos con la vida y los objetos que nos rodean, es para vivir a través de la palabra en espacios increíbles, bajo la brújula de Juan Colón.

Si el mundo se volvió artificial, si nos quedamos sin nervios y sin inteligencia, EVITERNO responde: devuelvan el cuerpo al relato. Devuelvan el riesgo. El relato necesita más vida que descripciones.

Porque un relato sin órganos es un cadáver con buena ortografía, como un hombre sin lectura, será siempre un cadáver vivo.

EVITERNO busca ser vivido. Propone organismos narrativos. Y desde esa afirmación directa se instala como una de las apuestas más singulares y necesarias de la literatura contemporánea. Gracias, maestro Juan Colón, por rescatar del fondo de los baúles la creación hiperorgánica que tanta falta le hace a la actual literatura….. Sin tiempo en el tiempo…

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