La guerra entre Rusia y Ucrania registró una nueva escalada tras un ataque masivo lanzado por Moscú durante la noche del miércoles y la madrugada del jueves. Según la Fuerza Aérea ucraniana, las fuerzas rusas desplegaron 293 drones de largo alcance y un misil balístico Iskander-M contra distintos puntos del país, en una de las ofensivas más intensas de las últimas semanas. De ese total, las defensas aéreas lograron neutralizar 264 drones, aunque otros 24 aparatos y el misil impactaron en once ubicaciones no reveladas, mientras restos de drones interceptados cayeron en varias zonas adicionales.
En paralelo, los ataques ucranianos sobre la península de Crimea, anexada por Rusia en 2014, dejaron al menos cuatro muertos tras el impacto de un dron sobre un tren de cercanías que cubría la ruta entre Azovski y Kerch. Las autoridades prorrusas también reportaron heridos y la suspensión de servicios ferroviarios debido a la amenaza aérea. Asimismo, las defensas rusas afirmaron haber derribado 272 drones ucranianos sobre distintas regiones del país, además de Crimea y los mares Negro y Azov.
Mientras continúan las operaciones militares, el Kremlin aprovechó el Foro Económico Internacional de San Petersburgo para insistir en la necesidad de restablecer el suministro energético ruso hacia Europa. El enviado económico ruso, Kirill Dmitriev, aseguró que la crisis energética derivada de las tensiones en Medio Oriente y el cierre del Estrecho de Ormuz hace indispensable reactivar los flujos de petróleo y gas rusos hacia el continente europeo.
Sin embargo, la Unión Europea mantiene una postura firme frente a Moscú. La jefa de la diplomacia europea, Kaja Kallas, reiteró que no observa señales de voluntad negociadora por parte de Rusia y defendió el mantenimiento de las sanciones. Además, Bruselas dio un paso importante hacia la adhesión de Ucrania y Moldavia al bloque, reactivando un proceso que permanecía bloqueado por el veto de Hungría y que podría avanzar formalmente en los próximos días.