Por: Pepe Sánchez
Richard Strauss, quien nació el 11 de junio de 1864 y falleció el 8 de septiembre de 1949, es considerado por un gran sector de la música en Europa como «el más grande los creadores de la ópera moderna»
Hijo de un solista de la orquesta de la ópera de Múnich -Franz Strauss- el vástago fue tan precoz que entró de lleno en la música a los 4 años de edad y a los siete años escribía sus primeras composiciones. Hacia 1875 tomó sus primeras lecciones de composición de Wilhelm Meyer, director de la Orquesta de la Corte de Múnich, fue contratado por Franz Strauss padre del joven músico, quien lo condujo hasta 1880 y después, ingresó a la Universidad de esa ciudad, donde estudió Estética, Filosofía e Historia del Arte.
Pero ya en 1880, su talento llamaba la atención de los especialistas, según cuenta Roberto Montes un escritor y conferencista español, especialista en la biografía y obra de Richard Strauss.
-Su talento precoz, destacando primero como compositor orquestal, con obras de decisiva importancia en el género del poema sinfónico como Till Eulenspiegel y Muerte y Transfiguración, dio paso a su posterior magisterio como director de orquesta, que le aseguró ya en la década de 1880 una importante posición en el panorama musical centroeuropeo e internacional- afirma el escritor.
Una composición que hizo el joven Strauss a sus 16 años, Serenata para Instrumentos de Viento, impresionó tanto a Freiherr (Barón) Hans Guido von Bülow, director de orquesta, pianista destacado y compositor romántico alemán, que lo llevó a convertirlo en su más cercano colaborador en 1885 y que fuera su sucesor cuando decidió retirarse ese año de la Agrupación de Meiningen en el sur del estado de Turingia.
Esta carrera ascendente de Richard Strauss continuó en 1886 y después de un viaje que hizo a Italia fue nombrado director adjunto de la ópera de Múnich y compuso numerosas canciones alemanas, amén de los temas musicales con argumentos literarios, Macbeth y Don Juan, y más adelante, ya como director de la Orquesta de Teatro de Weimar entre 1889 y 1894 creó Muerte y Transfiguración y su primera ópera Guntram, sobre un rey merovingio, una dinastía francesa que gobernó Francia durante tres siglos.
Antes de iniciar el siglo XX cuando se dedicó casi por completo a la ópera, Strauss sólo compuso dos de ellas entre 1896 y 1898: Don Quijote y Una Vida de Héroe, esta última de carácter autobiográfico.
Ya de lleno en la ópera, realizó en 1905 lo que se conoce como su obra cumbre: Salomé, basada en libreto de Oscar Wilde, escabroso de por sí -formas sexuales de la protagonista y por los aspectos indicados de necrofilia, incesto y pedofilia- y eso hizo que Strauss decidiera modificarlo, de lo cual encargó más tarde al escritor y libretista Hugo von Hoffmannsthal.
La Inglaterra de ese momento, no aceptaba que Salomé, una hermosa jovencita de 16 años dotada de extraordinaria belleza y de otras gracias como el donaire y el garbo para bailar hiciera que el Rey Herodes su tío y padrastro se enamorase de ella y la pretendiera.
La ópera se desenvuelve más o menos en los hechos descritos en la Biblia, pero se aparta por completo de ellos cuando al final, Salomé termina enamorada del anciano profeta Juan El Bautista y dado que él no aceptaba su asedio amoroso, le pide al rey la cabeza del vidente. Herodes la complace, ordena que Juan sea decapitado y su cabeza entregada a Salomé, quien la besa de manera apasionada y vuelve a declararle su amor. El rechazo fue total y absoluto, pero al final, la puritana sociedad europea de la época cedió y se rindió ante la riqueza y categoría musical de la ópera…
En sus últimos años, Strauss vivió en Garmisch-Partenkirchen, donde se retiró tras la Segunda Guerra Mundial. A pesar de la crisis que afectó a Alemania, continuó componiendo, dejando obras como Cuatro últimas canciones, una despedida melancólica y sublime. Falleció el 8 de septiembre de 1949 en su hogar, dejando un legado que marcó la transición entre el romanticismo tardío y la modernidad musical…