Junio 26, 1979: Muhammad Alí o Cassius Clay se retira del boxeo

Por: Pepe Sánchez

 

En Los Ángeles, Muhammad Ali anunció el 26 de junio de 1979 que dejaba el boxeo y renunciaba al título mundial, cansado pero invicto en su legado

El 26 de junio de 1979, en Los Ángeles, Muhammad Ali —todavía recordado por muchos como Cassius Clay— dio a conocer una carta dirigida a la Asociación Mundial de Boxeo en la que renunciaba al título mundial de los pesos pesados y anunciaba su retiro del boxeo. “Estoy exhausto, no tengo nada que probar… creo que es lo mejor, retirarme como campeón… como el más grande”, afirmó.

Ali hacía este anuncio tras haber recuperado la corona frente a Leon Spinks el 15 de septiembre de 1978, en la llamada Batalla de Nueva Orleans. Con esa victoria se convirtió en el primer peleador en conquistar tres veces el campeonato mundial de los pesos completos.

Su historia con el título había sido intensa:

Lo ganó por primera vez el 25 de febrero de 1964, al derrotar por nocaut técnico en siete asaltos a Sonny Liston.

Lo perdió fuera del ring en 1967, cuando se negó a participar en la guerra de Vietnam y fue despojado de la corona.

Lo recuperó el 30 de octubre de 1974, al vencer por nocaut en ocho asaltos al invencible George Foreman en Zaire, en la célebre Rumble in the Jungle o Pelea en la Selva

Lo volvió a perder en el ring el 15 de febrero de 1978, en un fallo dividido ante Spinks, quien apenas tenía siete peleas profesionales y sorprendió al mundo del boxeo y por último, lo recuperó en septiembre de ese mismo año, cerrando el círculo de su grandeza.

Tras volver a ser monarca, Ali decidió que ya estaba bueno de todo. Envió su carta el 26 de junio de 1979, señalando que no sólo renunciaba al campeonato, sino que se retiraba del boxeo.

Su decisión fue más que deportiva: era también un gesto cultural y social. Ali había trascendido el cuadrilátero para convertirse en símbolo de orgullo afroamericano, voz política y referente humanitario. El retiro no apagaba su figura; al contrario, la engrandecía

Alí no se retiró derrotado, sino coronado por la historia. Su adiós no fue un silencio, sino un eco que aún resuena en cada cuadrilátero donde la gloria se mide en puños y corazón. El “más grande” dejó los guantes, pero nunca abandonó el ring de la memoria.

Su decisión fue más que deportiva: era también un gesto cultural y social. Ali había trascendido el cuadrilátero para convertirse en símbolo de orgullo afroamericano, voz política y referente humanitario. El retiro no apagaba su figura; al contrario, la engrandecía.

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