El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, decidió descartar por ahora una ofensiva militar destinada a forzar la reapertura del estrecho de Ormuz y optó por una estrategia de presión económica contra Irán. La Casa Blanca prepara un nuevo paquete de sanciones que buscaría llevar a Teherán a una negociación sobre la libre navegación por esta estratégica ruta marítima.
La decisión se produce en medio de cambios en la estructura de poder iraní. El líder religioso Mojtaba Khamenei designó al general Mohsen Rezaee, una figura de gran influencia dentro de la Guardia Revolucionaria, como su representante ante el Consejo Supremo de Seguridad Nacional. También nombró al general Mohammad Baqer Zolqadr como principal asesor político.
Ambos militares representan una línea más dura frente a Washington y han reducido el margen de acción de sectores iraníes que defendían una mayor apertura diplomática. Zolqadr, además, planteó cinco condiciones para permitir la reapertura de Ormuz: el fin de las acciones militares contra Irán y sus aliados, el retiro de fuerzas estadounidenses de la región, compensaciones por los daños de las guerras, el levantamiento de las sanciones y la liberación de activos iraníes congelados.
El escenario complica los esfuerzos diplomáticos impulsados por figuras como el canciller Abbas Araghchi y el presidente del Parlamento iraní, Mohammad Bagher Ghalibaf, quienes habían mantenido canales de diálogo con Washington.
Mientras tanto, Trump encargó al secretario del Tesoro, Scott Bessent, diseñar nuevas sanciones para aumentar la presión sobre Teherán. Sin embargo, la estrategia enfrenta un desafío económico: las restricciones al tráfico por Ormuz han contribuido al aumento del precio del petróleo y podrían afectar tanto a la economía estadounidense como al panorama político de Trump de cara a las elecciones de medio término.
El conflicto permanece abierto y, si las sanciones no producen resultados, Trump podría volver a evaluar una respuesta militar.