Donald Trump prepara una ofensiva económica y financiera contra Irán para aislar al régimen, reducir sus fuentes de financiación y presionar la apertura del estrecho de Ormuz.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció una nueva ofensiva económica y financiera contra Irán, denominada por su administración como el “D-Day económico”, con el propósito de aumentar el aislamiento internacional del régimen iraní y presionar la apertura del estratégico estrecho de Ormuz.
Las medidas serían presentadas por el secretario del Tesoro, Scott Bessent, durante una conferencia de prensa prevista para las 2:00 de la tarde, hora del este de Estados Unidos. Según lo anunciado por la administración republicana, la estrategia busca cortar las fuentes de financiación que permiten a Teherán sostener su estructura económica y sus capacidades militares.
Bessent aseguró que Washington entraba en una fase decisiva de su estrategia contra Irán y anticipó lo que calificó como una de las mayores ofensivas financieras desplegadas contra un adversario. Entre las medidas que se contemplan estarían nuevas sanciones dirigidas a afectar el ingreso de divisas y las operaciones comerciales y financieras vinculadas con el régimen iraní.
La ofensiva buscaría además limitar los recursos provenientes de países y empresas que mantienen relaciones comerciales con Irán, particularmente las operaciones que, según Washington, permiten el movimiento de millones de dólares a través del sistema financiero internacional. También se estudia la posibilidad de imponer aranceles a terceros países que mantengan intercambios comerciales con Teherán.
El estrecho de Ormuz se encuentra en el centro de la crisis debido a su importancia para el transporte mundial de petróleo. El control de esta ruta ha generado preocupación internacional y, según el reporte, las tensiones en la zona provocaron un incremento de entre 16 % y 21 % en el precio del petróleo desde el inicio de las hostilidades.
Trump busca que Irán permita nuevamente la libre navegación por este corredor para contribuir a reducir los precios internacionales y domésticos de los combustibles. Por ahora, el mandatario habría descartado una nueva acción militar directa y optado por privilegiar la presión económica para intentar llevar a Teherán a una nueva ronda de negociaciones.
Sin embargo, la tensión podría aumentar tras las advertencias de sectores del poder iraní sobre posibles represalias contra países del Golfo que colaboren con las restricciones impulsadas por Washington. La respuesta de Irán y la posición de aliados como Qatar, Emiratos Árabes Unidos, Bahréin y Arabia Saudita serán determinantes para la evolución de esta nueva escalada.
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