En una acción que refleja su compromiso con la protección de la biodiversidad marina del país, el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible de Colombia ha lanzado un llamado urgente a la ciudadanía, al sector turístico y a las comunidades costeras para reforzar las medidas de conservación de las tortugas marinas, particularmente en zonas clave como el Parque Nacional Natural Tayrona, donde estas especies anidan con frecuencia.
La ministra de Ambiente, Lena Estrada Añokazi, encabezó este llamado, subrayando la importancia de las tortugas marinas como símbolo de la biodiversidad marina del país y destacando que su protección no solo representa un objetivo ecológico, sino también un acto de preservación cultural, ambiental y territorial. Según sus palabras:
“Cuidarlas es también cuidar nuestras playas, nuestros mares y nuestra identidad”.
Este esfuerzo se enmarca dentro del proyecto Save the Blue Five, respaldado por el Ministerio Federal Alemán de Medio Ambiente y la Iniciativa Internacional del Clima (IKI). La estrategia del proyecto combina varios ejes de acción: fortalecimiento comunitario, monitoreo científico, y educación ambiental, con el fin de generar un impacto duradero tanto en la protección de estas especies como en la sensibilización de los habitantes y visitantes de las zonas costeras.
Las tortugas marinas cumplen un papel ecológico fundamental como indicadores del estado de los ecosistemas marinos y costeros. Su ciclo de vida —que involucra largas migraciones desde aguas oceánicas hasta playas de anidación— ayuda a mantener el equilibrio en la cadena alimentaria y favorece la transferencia de nutrientes entre ecosistemas, como los arrecifes, las playas y los lechos marinos. A través de sus actividades de alimentación y anidación, las tortugas contribuyen a mantener sanos los ecosistemas marinos, lo que beneficia no solo a otras especies, sino también a las comunidades humanas que dependen de estos ecosistemas.
Sin embargo, estas especies enfrentan múltiples amenazas, muchas de ellas derivadas directa o indirectamente de las actividades humanas. Entre los principales riesgos se encuentran:
En respuesta a esta problemática, el Ministerio ha difundido una serie de recomendaciones prácticas dirigidas especialmente a los visitantes de las playas, con el fin de reducir el impacto humano negativo en el hábitat de estas especies:
El Ministerio enfatiza que la conservación efectiva de las tortugas marinas requiere un esfuerzo colectivo y coordinado. Las entidades gubernamentales, las comunidades locales, los operadores turísticos, los pescadores y los visitantes tienen un rol clave en garantizar la protección de estas especies. Se trata de una tarea compartida que no solo busca salvar a las tortugas, sino también preservar la integridad de los ecosistemas costeros, asegurar medios de vida sostenibles para las comunidades ribereñas y fomentar un turismo más responsable y respetuoso con la naturaleza.
En términos de biodiversidad, Colombia alberga cinco de las siete especies de tortugas marinas que existen en el planeta, todas clasificadas en alguna categoría de amenaza según la Lista Roja de la UICN (Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza). Cada una de estas especies tiene presencia específica en distintas zonas marinas y costeras del país:
Esta tortuga es reconocida por su característico caparazón en forma de escamas superpuestas. Históricamente ha sido cazada por su concha, utilizada en artesanías. Su conservación requiere especial atención debido a su baja tasa de reproducción y su limitada distribución.
Esta especie, de dieta predominantemente herbívora, es clave en el mantenimiento de praderas marinas. La pérdida de hábitat y la pesca incidental representan graves amenazas.
La tortuga laúd es la más grande de todas las tortugas marinas y puede alcanzar hasta dos metros de longitud. Es especialmente vulnerable a la ingestión de plásticos flotantes, que confunde con medusas.
Se caracteriza por sus arribadas masivas a ciertas playas para anidar. Aunque es la más abundante globalmente, su población sigue disminuyendo debido a la pesca, la pérdida de hábitats y la recolección de huevos.
Esta especie ha experimentado una disminución drástica en las últimas décadas. A mediados de los años 70 era común en el Caribe colombiano, pero hoy su presencia es ocasional. Sus hábitos migratorios la hacen especialmente susceptible a las actividades humanas a lo largo de miles de kilómetros.
El panorama general demuestra que Colombia, con sus dos litorales y sus múltiples ecosistemas marinos, juega un papel fundamental en la conservación global de las tortugas marinas. El país no solo posee una enorme riqueza biológica, sino también una gran responsabilidad ambiental internacional. La presión creciente de la urbanización, la pesca sin regulación y el turismo masivo impone la necesidad de acciones firmes y sostenidas que integren la ciencia, la educación y la participación ciudadana.
El Ministerio de Ambiente concluye su llamado insistiendo en que la conservación de estas especies no es solo tarea de expertos o autoridades, sino de todos. Cada turista, cada pescador, cada operador hotelero o guía turístico puede marcar la diferencia al adoptar buenas prácticas y convertirse en defensor de la biodiversidad. Así mismo, el fortalecimiento del conocimiento tradicional de las comunidades locales y su integración en los procesos de monitoreo y vigilancia ambiental es clave para lograr resultados duraderos.
En última instancia, proteger a las tortugas marinas es también proteger la memoria ecológica de los océanos, el equilibrio natural de los ecosistemas costeros y la relación ancestral entre las comunidades humanas y el mar. Su presencia en nuestras playas es una señal de vida, de salud ecológica, y de esperanza en un mundo cada vez más afectado por la crisis ambiental. Por eso, el Ministerio invita a todos los colombianos a sumarse a esta causa nacional, para que las generaciones futuras también puedan contemplar el milagro de una tortuga emergiendo de la arena y regresando al mar.
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